La pasión turca. Antonio Gala

Yamam me tomó con delicadeza la cara, desde atrás, y me la levantó para que mirara el mosaico. Todo mi cuerpo estaba concentrado en el tacto de aquellos dedos, hasta que sentí que su cuerpo se apretaba contra mí todo él, de arriba abajo. Yo retrocedí –retrocedió mi cuerpo- oprimiendo el suyo contra la pared. El resto del grupo seguía con la cabeza alzada contemplando los mosaicos. Su pecho contra mi espalda, su calor contra mi calor, una presión sin nombre a la altura de mis nalgas… Me mordió la nuca, y yo, obediente al silencioso mandato, deslicé mi mano hacia atrás y acaricié su miembro endurecido. Me sobrevino un gozoso desmayo, que dejó en mis ingles una huella mojada. Vacilé, estaba a punto de caer con los ojos cerrados. Su fuerza me sostuvo por la cintura, mientras sus pulgares endurecían mis pechos. 

No dijimos ni una sola palabra.

Fotografia:Carlos Miguel Cortés Calzado

http://turistaentupelo.com/2010/01/05/form-amos/

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